jueves, 9 de agosto de 2012

TROPEZÓN INESPERADO





Quiero la libertad de apagar el deseo
y echarme a dormir un millón de años
cobijado sólo por los músculos cansados
de la falsa realidad agonizante.

Quiero la libertad de desaparecer así:
creciendo como nada en el vacío.
Quiero el tropezón inesperado
y la máscara que cae
haciéndose añicos
en las baldosas del satori.

Y de pronto el milagro me es concedido
como un bocado gigante de obviedad.
Y estoy donde estoy,
haciendo lo que hago,
en este pedazo entero de mundo
como un sonámbulo feliz
que lo sabe todo
por haberlo olvidado.


                                   Miguel R. Benitez
                                   29/06/2012

A YESI

Cuando ella no está
extraño tanto ser pronunciado
en su sublime silencio.

Cuando ella no está
extraño tanto viajar a bordo
de sus ojos taciturnos.

Cuando ella no está
extraño tanto quedarme ahí
guardadito en su boca.

Cuando ella no está
hasta yo mismo me hago falta
ya que quizás me fui con ella
y en esta cama mía
sólo hay huesos
que muestran las rajaduras
de la soledad,
los poemas del insomnio
y la necesidad de volver a nacer
desde el útero de su abrazo.


                                              Miguel R. Benitez
                                              28/06/2012

LET IT ZEN



Cada vez que veo
                            mi estatuilla dorada de Buda
el corazón se me ahueca en el buen sentido
y crece hacia lo alto como un templo o monasterio
que se inunda con la profunda sabiduría
del pacífico silencio.

Cada vez que me cruzo
                                     con mi estatuilla dorada de Buda
el ego-pensamiento se me disuelve
como una efervescencia innecesaria
y todos los sentidos,
abiertos de par en par,
permiten por fin que sea el mundo
quien me respire.

Cada vez que miro
                              mi estatuilla dorada de Buda
los ojos se me llenan de bosques y animales,
la nariz respira con pajaritos
y al soltar el aire
sale como una música que expresa
el glorioso absurdo
de todo sentido.

Cada ve que contemplo
                                     mi estatuilla dorada de Buda
no me apego ni la rechazo.
Sólo hago lo que ya dije: la contemplo.
Después, al ratito, la dejo ir.


                                              Miguel R. Benitez
                                              27/06/2012

miércoles, 8 de agosto de 2012

HISTORIA DE UN POEMA




Entro a mi pequeño departamentito
frotándome las manos de frío,
haciéndome sonar los dedos
que parecen quebrarse
como ramitas secas.

Entro a mi pequeño departamentito
echando vapor por la boca
como un barco errante
que emerge del espeso y oscuro
frío de la noche.

Entonces me paro frente a la ventana,
casi sintiéndome en un típico altillo parisino,
y dejo que la luna salte hacia mis ojos
salpicándolo todo de versos
que aletean a mi alrededor
en busca de su forma y su sentido.

Es tan maravilloso apagar la cordura
y dejarse poblar de sueños
cuyas raíces crecen como un abrazo
en torno al alma.

Es tan maravilloso fluir como un rápido de palabritas,
bajar furioso en catarata y volverme espuma caliente
que poco a poco va desapareciendo
en la majestuosa amplitud del océano.

Después estampo el papel sobre la mesa
como si se tratara de un agujero blanco,
una entrada paradójica,
una especie de puerta de escape
hacia el regreso a mí mismo.

Después camino de acá para allá
como si el espíritu me hubiese crecido de golpe,
masticando y resoplando y catando
diferentes vocablos
hasta encontrar el más fértil.
Voy a la habitación.
Voy al comedor.
Vuelvo a la habitación.
Voy al baño
y hago muecas frente al espejo.

Y así, tras haberle dado de beber
tinta china a mi metálico plumín,
seduzco a la belleza
respirándole en la nuca,
vistiéndola con las manos
de lo que me dicta
mi divertida y dramática
pero siempre fascinante
pasión por la vida.


                              Miguel R. Benitez.
                              26/06/2012

PEZ DEL AIRE



Soy el pez que nació en el aire.
El mismo que se ahogó en el mar.
Soy el huevo casi fantasma en el nido.
El mismo hijo de la gallina
que degollaron para la cena.

Soy el verso en el revólver del poeta.
Soy la bala en el poema del asesino.
Porque esto se leerá tras mi muerte
y a la muerte se la entiende tras la vida.

Soy hijo, dueño y creador del universo.
Y sin embargo no tengo nada para comer.
Ya soy millonario aunque no tengo ni un peso.
Ya me leyeron tus hijos y tus nietos
aunque odies que se hagan los poetas.

Mirá todo lo que te rodea.
Mirá tu ciudad, sus edificios,
tu departamento, tu cocina,
tu televisor, tu computadora...
Y ahora decime
¿acaso todo eso no nació
de una idea?
Todo lo que ves fue imaginado.
Todo lo que disfrutás
en algún momento
fue la fantasía inalcanzable de alguien.
Por eso nunca dejés de luchar por tu sueño.
La muerte no importa.
Todos somos uno.
El sueño que soñaste ayer
se hará realidad
en el que nacerás mañana.
Aunque lleve más tiempo.
Aunque hablar de días
sea metáfora.


                        Miguel R. Benitez
                        25/06/2012

CREACIÓN



La creación se despliega como un aletazo de doble filo.
La creación se desenvuelve como una alfombra roja
que invita por igual a pies descalzos,
zapatos o pezuñas.
La creación es una manto de proyecciones mentales
para cubrir todas esas cosas que tiritan de vacío,
para cubrir la nada con la invención de la nada,
para cubrir el todo
con el descubrimiento de la unidad.

La creación hace brotar toda su infinita fauna,
estira sus árboles hacia el sol,
se infla en el aire
formando nubes y sublimes paisajes
que lloran para nutrir su tierra.

La creación se mira a sí misma
y se admira y se asombra
con nuestros propios ojos.
Nuestros ojos son espejos
donde todas las mañanas
ella peina su místico orgullo
y su inefable belleza.

Cada ser humano es una apertura de su conciencia,
un poro de su piel, un glóbulo enloquecido
que fluye en el río cuántico
de su sangre burbujeante.
Y así como la vela que se apaga enciende la oscuridad,
todos nos suicidamos con la vida
para darle nacimiento a otros muertos,
a otros universos que todavía
no sabemos imaginar.



                                      Miguel R. Benitez
                                      24/06/2012

ORQUÍDEA FANTASMA



Llegará el día y traerá la noche
en que la luna sea testigo
de cómo la tristeza me abandona
dando un portazo.

Llegará el día más puro,
sin falsas apariencias,
y un sol enorme me hará ronronear
bajo su fogoza caricia.

Llegará el día que se apaguen
los incendios que aletean en mi boca.
Entonces y por fin
la felicidad
no tendrá más excusas.
Se abrirá la semilla
y se romperá
la cáscara del huevo.

También vendrá el cuerpo de mi mujer
como una suave cobija de lentos abrazos.
Mi orquídea fantasma
reservándome la paz del silencio
en este pantano de sucias
palabras muertas.

                               


                                  Miguel R. Benitez
                                 10/06/2012